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Buscan demostrar la eficacia de un fármaco para la diabetes PDF Imprimir E-mail

Introducir al mercado un medicamento que sane, controle o prevenga una enfermedad no es un proceso fácil, pues de un universo de aproximadamente 10 mil moléculas activas sometidas a distintas pruebas por un laboratorio, sólo una o dos son seleccionadas para convertirse en un nuevo fármaco. Este proceso puede llevar de seis a 20 años de investigación y no siempre arroja los resultados esperados.

 

Como parte de este proceso está la denominada investigación clínica fase II, que consiste en una rigurosa selección de un número reducido de pacientes voluntarios, en quienes bajo estricta vigilancia se observa el mecanismo de acción de una droga, la aparición de posibles efectos adversos o propiedades no registradas en fases anteriores. A nivel mundial, este tipo de investigación es una de las etapas más relevantes para el registro y venta de una nueva medicina, ya que sin ella no podría probarse ni tampoco demostrarse su actividad terapéutica.

Para comprobar la efectividad de un fármaco sobre determinada enfermedad, muchas de las compañías farmacéuticas se apoyan en importantes grupos de especialistas de diversas áreas geográficas, con el propósito de encontrar recomendaciones sobre las dosis óptimas del producto y no ceñirse exclusivamente a los primeros resultados derivados de investigaciones anteriores, que no siempre corresponden a la realidad de los países. Así, uno de los objetivos de un laboratorio al efectuar investigación clínica fase II en más de un país es encontrar el esquema que más se ajuste a las características de sus pacientes, como edad, complexión, sexo, carga genética, hábitos y factores de riesgo, entre otros.

Gracias al capital intelectual y material con el que México cuenta, desde hace algo menos de una década es país sede para investigaciones clínicas fase II, y en ellas han participado médicos adscritos a las principales instituciones públicas y privadas de salud. Prueba de ello es la más reciente investigación que Roche, en alianza con 10 centros hospitalarios de las ciudades de México, Guadalajara, Monterrey y Mérida, realiza en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 o no insulinodependientes (DM-2), en quienes se busca probar y demostrar si una nueva molécula terapéutica perteneciente a la familia de las glitazonas (tiazolidinedionas), reduce eficazmente la resistencia a la insulina.

El doctor Franz Pérez Ancona, director de Investigación Clínica del laboratorio, expone que en personas con DM-2 los tejidos del cuerpo no responden al mensaje inicial de insulina producida por el páncreas (resistencia), por lo que la glucosa --principal fuente de energía aprovechada por el hígado, músculo esquelético, corazón y tejido adiposo (grasas y proteínas)-- aumenta su nivel en sangre porque no puede entrar a las células del organismo. Paradójicamente, al presentarse esta situación, el páncreas reacciona aumentando la secreción de insulina a niveles muy altos forzándolo a responder, pero se topa con una resistencia cada vez mayor. Al paso del tiempo, este órgano "se cansa" y deja de fabricar una cantidad suficiente de la sustancia, por lo que los niveles de glucosa en sangre vuelven a elevarse y se incrementa el riesgo de sufrir otras complicaciones, entre ellas las cardiovasculares. Por eso, las personas afectadas eventualmente pueden llegar a necesitar insulina externa, cosa que disminuye su calidad de vida.

"Nuestro fármaco es un sensibilizador de insulina rediseñado químicamente, en cuyos modelos experimentales demostró que al administrarse en etapas tempranas conduce a un mejor metabolismo de la glucosa y posibilita al cuerpo trabajar a niveles bajos de insulina, sin tener que requerirla de manera artificial. Existen productos similares creados por otras compañías farmacéuticas, pero lo novedoso del nuestro es que parece presentar menores efectos colaterales, como alteraciones en la prueba de funcionamiento hepático, problemas gastrointestinales o alergias, lo que representa una enorme ventaja para los pacientes", subraya.

Expone que para probar la efectividad terapéutica de esta nueva clase de tiazolidinedionas en individuos con DM-2, a principios de este año Roche inició la investigación clínica fase II tanto en México como Estados Unidos, mediante la selección de voluntarios con características muy específicas: enfermedad de recién diagnóstico y adecuado control de la glucosa. A la fecha se han adherido al programa 68 de 150 pacientes que se requieren en México para conformar la muestra nacional, y se estima alcanzar esta cifra a mediados del 2003. A su vez, en Estados Unidos se está reuniendo una cantidad similar de personas.

"Para nosotros resulta muy interesante participar en el proyecto, pues como México es uno de los países con mayor prevalencia de diabetes en población adulta y alto grado de morbi-mortalidad, disponer de un fármaco desde fases muy tempranas aumenta la presencia de Roche, posibilita a los médicos nacionales explorar su faceta de investigadores y permite que un número importante de sujetos lo usen años antes de introducirlo al mercado", indica.

Asimismo, "el principal beneficio que vemos como grupo científico y empresa farmacéutica es que los resultados de la investigación en población mexicana --cuyo marco genético es muy diferente al de anglosajones y europeos-- se ajustarán con éxito a la realidad del país, sin tener que sujetarnos a pruebas realizadas en el extranjero. No obstante, dichos resultados también son representativos para otras naciones, sólo tendrían que modificar la dosis y vigilar la posible aparición de efectos adversos no encontrados en estudios anteriores", refiere.

Etapas de investigación en el desarrollo de un fármaco

Según la Organización Mundial de la Salud, la aparición de nuevos gérmenes productores de infecciones, la creciente resistencia a los antibióticos y el combate de afecciones médicas de crecimiento epidémico como cáncer, diabetes o VIH-SIDA, impulsan a muchos países a realizar investigación científica, a fin de encontrar nuevas moléculas que contribuyan al desarrollo de fármacos más eficaces.

De hecho, la pasión y entrega de los investigadores en grandes equipos de trabajo, sumados a la inversión por parte de las compañías farmacéuticas en diversas regiones del planeta, hicieron posible que durante el siglo XX surgieran innumerables medicamentos que hoy son usados en bien de la humanidad.

Por ejemplo, una vez elegida la molécula a utilizar en el desarrollo de un fármaco, se prepara un proyecto inicial en el laboratorio con un período preclínico que incluye estudios sobre síntesis química, análisis de impurezas, estabilidad en relación al compuesto o posibles formulaciones a administrar, proceso conocido como experimentación in vitro, explica el director de Investigación Clínica de Roche.

Posteriormente, se continúa con animales y en ellos se ensaya sobre modelos de enfermedades específicas. "Se evalúan los procesos de absorción, metabolismo y excreción de la sustancia usada con sus correspondientes análisis farmacológicos y toxicológicos, los cuales se realizan con estándares de calidad. Una vez probada satisfactoriamente, se pasa al período clínico o de investigación en humanos, que consta de cuatro fases", señala.

En la fase I, se evalúa el comportamiento del fármaco con voluntarios sanos seleccionados (usualmente menos de 100 personas bien protegidas por códigos de ética, leyes y derechos humanos), y en ellos se prueba la seguridad de la droga, farmacocinética (absorción, distribución y eliminación) y farmacodinamia (reacción en el organismo). El diseño de estos estudios es abierto (los médicos que supervisan desconocen si a un paciente se le administra placebo o droga), con una duración promedio de nueve a 18 meses.

En la fase II o de exploración terapéutica, además de lo señalado con anterioridad, se establece la dosificación adecuada a través de dosis-respuesta. Estos estudios son aleatorios, doble ciego y controlados con placebo, y pueden durar de uno a cuatro años. Una vez que se ha determinado la mejor dosis, el medicamento se evalúa en una gran población de pacientes, con características parecidas a las de la población en la que se pretende emplearlo cotidianamente. Estos estudios comprenden la fase III de investigación.

Al completar esta etapa con buenos resultados, se solicita el registro del nuevo medicamento a las autoridades de un país o continente, como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y la Agencia Europea del Medicamento (EMEA), trámite que tarda entre 12 y 24 meses, añade.

Cuando un producto es registrado para su venta, la investigación clínica pasa a una fase IV, con una muestra mayor de pacientes en los que se amplía el rango de inclusión. "Ello sirve para definir indicaciones y además se ratifica la efectividad, seguridad y farmacovigilancia de la molécula en condiciones reales, pues mientras mayor sea el número de pacientes expuestos, con más rigor se establecerán contraindicaciones o beneficios de uso", concluye el doctor Franz Pérez Ancona.


( 2 Votos )

Comentarios

me gustaria ofrecerme como conejillo de indias para experimentar el resultado de nuevos farmacos .
tambien que recompensa economica tiene ,.
si pudierais informarme un poco? .odonde puedo dirigirme.
muchas gracias
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Gracias por sus comentarios Esther, nosotros nos dedicamos a la web de diabetes. A lo mejor podría dirigirse a los laboratorios, ellos son los que realizan los protocolos de investigación para sacar nuevos fármacos al mercado. Podría revisar las páginas de internet de las compañías farmacéuticas y probablemente encontrar lo que busca.

Un saludo del equipo Vive con diabetes!
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