Un perro 'salvavidas' para Juan Carlos

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Tanto en la guardería como luego en el colegio, siempre pensaron que Juan Carlos era un niño más bien vago. Porque día sí y día también el pequeño Juan Carlos se dormía sobre las fichas o las manualidades, e incluso buscaba un rincón y se echaba a dormir. Su madre sabía que no era como sus otros dos hermanos y fue la primera en intuir que Juan Carlos no estaba bien. 

Cuando tuvo dos años comenzó una odisea de pruebas médicas desde su pueblo, Ubrique (Cádiz), que inmediatamente apuntaron hacia problemas de azúcar en sangre. «El pediatra le que le veía le quitaba los dulces y el pan, pero no daba con lo que era», cuenta su madre, Ana Gómez. Cada dos por tres acudía a verle y le llegó a decir que «estaba obsesionada».

Por fin, llegó un día en el que Juan Carlos se comió dos plátanos, le empezó a doler la cabeza y perdió el conocimiento. El círculo de consultas médicas se amplió a un neurórogo, que también le dijo que estaba obsesionada. No fue hasta que se desplazó a Sevilla, donde un pediatra y endocrino le hizo unas pruebas que determinaron que o bien tenía el páncreas inmaduro, o iba a ser diabético. Posteriormente lo vio otro doctor, un catedrático de Digestivo del Hospital Macarena de Sevilla. «Cuando vio los resultados de las analíticas, dijo que era una bomba». Con seis años, Juan Carlos debutó, como diabético. 

Hoy, Juan Carlos tiene 11 años y, entre otras muchas cosas, debe comer poco y a menudo. El mismo se inyecta la insulina, de dos tipos, de absorción rápida y lenta. Va probando. Sin embargo, su tipo de diabetes no es la Diabetes tipo 2, que es la habitual, porque no se detecta con el picotazo en el dedo para ver en la sangre en qué situación se encuentra el organismo. Las caídas de insulina que padece son muy grandes, y el azúcar que genera es incontrolable, hasta el punto de que siempre «en el colegio fue calificado como inatento, flojo, o que no obedece, cuando lo que le pasaba es que no rendía». En su organismo influye incluso el estrés: ante los exámenes, se le baja la insulina. 

La suya se denomina Diabetes Lada, Diabetes 1.5 o Diabetes autoinmune en adultos. Es poco conocida, y de lo escaso que se sabe de ella es que no da la cara como la diabetes habitual. «El doctor que lo atiende leyó un artículo en una revista médica y se le encendió la luz». Porque lo que aquel artículo describía era exactamente lo que le pasaba a Juan Carlos. 

Día sí y día también hay que sacarlo del centro escolar porque se desmaya. «Hoy mismo me han llamado del colegio», cuenta Ana, que hace tiempo que, para atenderlo, tuvo que dejar de trabajar. 

La familia ha estado recibiendo el apoyo de la Asociación de Diabéticos de la Sierra de Cádiz. Su presidenta, Miriam Cantos, indica que la diabetes Lada es «difícil de controlar y muy poco investigada», porque es imposible predeterminar los descensos de insulina y la creación de azúcar de su organismo, porque son anárquicos. A través del contacto con otras asociaciones «nos enteramos que la presidenta de la Asociación de Diabéticos de Navarra tenía un perro de alerta médica». Habían dado con la solución para que un perro, entrenado con el olor de las muestras de la propia persona a la que cuidará, de la alarma antes de que aparezca la hipoglucemia. Miriam también ha encontrado en Málaga la escuela de adiestramiento. 

Sin embargo, entrenar a un perro para que tenga estas características tiene un precio: 8.000 euros. «No tiene que ver la raza del animal, que se elige en función del carácter de la persona a la que cuidará. Lo costoso es el adiestramiento» que pone en marcha a un equipo multidisciplinar de médicos y adiestradores que le educan a través de las muestras únicas de la persona. 

Ese perro sabrá buscar a un familiar o ladrar «única y exclusivamente cuando su olfato detecte la hipoglucemia, que el perro identifica al oler las hormonas que emana el cuerpo cuando se entra en este estado». La hipoglucemia pone en peligro la vida del diabético, sobre todo por las noches, porque durmiendo la persona no se da cuenta de su estado y puede caer en una hipoglucemia ante la que, si no se actúa, acarrearía no despertar. Para recaudar fondos, han puesto en marcha una campaña de crownfunding.

Fuente: El Mundo

 

 

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