Comer después de las 18 aumentaría el riesgo de obesidad y diabetes tipo 2

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El problema no es sólo qué comemos, sino cuándo lo comemos. Los ritmos biológicos influyen

Antes, cuando no había luz eléctrica, las personas no solían quedarse hasta altas horas de la noche despiertas y cenando tan tarde. Nuestros cuerpos no están configurados de esa manera porque durante la mayor parte de la historia se comió durante el día. Cuando llegaba la oscuridad, se dormía.

Esto significa que procesamos los alimentos de manera más eficiente durante el día. Y según los expertos, los hábitos que tenemos ahora de comer después del atardecer, podrían tener consecuencias negativas para nuestra salud.

Alimentarnos tarde en la noche está relacionado con una presión arterial más alta, un índice de masa corporal superior y un pobre control de azúcar en sangre. Los científicos dicen que esto se debe a que el sistema digestivo es menos eficiente por la noche debido a los ritmos circadianos.

Estos son ciclos de 24 horas que responden, principalmente, a la luz y la oscuridad, y que dictan todo, desde cuando tenemos sueño hasta cuando nuestras células inmunes están más activas. En él se generan cambios físicos, mentales y conductuales. Y va a permitir que nuestros cuerpos se preparen para eventos regulares, incluida la llegada de alimentos.

"Fuimos programados para pasar por este ciclo diario", explica el profesor Satchin Panda, que investiga los ritmos circadianos en el Instituto Salk en California.

El sistema digestivo es una parte que se rige por estos cambios. A medida que producimos menos saliva por la noche, nuestro estómago produce menos jugos digestivos, las contracciones intestinales que mueven los alimentos a través del intestino se ralentizan y somos menos sensibles a la hormona insulina.

Un estudio reciente presentado en una conferencia de la American Heart Association reveló que cuanto más comía una mujer después de las 18, peor era la salud de su corazón. Además, tenía un mayor riesgo de presión arterial alta, un elevado índice de masa corporal, y un peor control a largo plazo del azúcar en sangre.

Otros estudios hallaron que las personas que comen tarde tienen un mayor riesgo de obesidad y diabetes tipo 2. El profesor Panda descubrió esto mientras estudiaba ratones y comprimía sus horarios de ingesta. Para eso, alimentó a dos grupos con la misma dieta, alta en grasas y azúcar. La única diferencia es que un grupo tenía acceso a alimentos las 24 horas del día, los siete días de la semana, y el otro solo podía comer durante un período de ocho horas en el día.

Por un lado, el primer grupo ganó peso y comenzó a desarrollar colesterol alto y diabetes tipo 2. Por el otro, el grupo con una dieta restringida en el tiempo se mantuvo relativamente delgado y saludable, a pesar de consumir la misma cantidad de calorías. Para su sorpresa, la alimentación con restricción de tiempo incluso pudo revertir la diabetes tipo 2 en ratones.

Esta investigación preliminar sugiere que el horario de las comidas también puede ser importante para la salud humana, con estudios que encuentran que aquellos que cenan en un horario más cercano a la tarde, tienen un mejor control de azúcar en sangre que aquellos que lo hacen previo a acostarse.

Más allá de esto, los científicos creen que es demasiado pronto para emitir consejos detallados sobre los horarios de las comidas. A ciencia cierta no saben cuál es el motivo por el cual comer tarde sea malo para nuestra salud. Sin embargo, el profesor Panda se aproxima a una de las razones.

Cree que la alimentación restringida en el tiempo es mejor para nuestra salud porque brinda a nuestros intestinos más oportunidades para reparar y recuperarse. En el curso normal de la digestión se rompen algunas células interiores, y comer una comida a altas horas de la noche seguida de un desayuno temprano deja muy poco tiempo para realizar reparaciones.

"Así como no podemos arreglar una calle cuando hay tráfico, es difícil reparar nuestras tripas cuando hay comida en nuestros estómagos", explica el investigador Satchin Panda. Y agrega que, con el tiempo, la barrera entre el interior del intestino y el resto del cuerpo puede volverse “permeable”, permitiendo el paso de sustancias químicas y bacterias que causan alergias, aumentando así los niveles generales de inflamación en el cuerpo y desencadenando una salud perjudicial.

Fuente: tn.com.ar

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