Siete cosas de la dieta que deberías saber

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El verano ya está aquí y es tiempo de modificar la dieta para adaptarse a las altas temperaturas y los horarios alterados, tanto por la jornada intensiva como por las vacaciones. Como en otras facetas de nuestra vida, a la hora de llenar la despensa, el saber popular se mezcla con las falsas creencias que nos llegan de diversas fuentes y nos pueden empujar a llevar una mala alimentación.

 

Por eso te aclaramos aquí algunas de esas creencias con la ayuda del naturópata Jesús Domínguez, asesor nutricional de miayuno.es, un programa de depuración del organismo que combina técnicas de ayuno y senderismo para rehidratar la piel, reducir el estrés, dejar de fumar, reducir la grasa visceral, mejorar el rendimiento físico... "La dieta tiene que ser algo sencillo", resume Domínguez.

¿Cinco comidas al día? No. Se ha extendido la idea de que es mejor comer pocas cantidades a lo largo del día que hacer las tres comidas básicas: desayuno, comida y cena. Para Domínguez, "cuando el cuerpo te pide comer cinco veces al día está condicionado por lo que comes. Ocurre con una dieta moderna muy rica en alimentos que se traducen en un aumento de glucosa muy rápido en sangre, sobre todo lácteos, hidratos refinados y dulces". El problema de este tipo de alimentos, apunta, es que "conseguimos las calorías de la dieta de esos hidratos de carbono refinados, cuando lo ideal es que la mayoría se obtengan de la grasa que va con las proteínas de la carne y el pescado".

¿Evitar la grasa? No. En este punto Domínguez vuelve a hablar de la dieta moderna, que relega las grasas de calidad, "una manera mucho más eficiente de almacenar energía que los hidratos de carbono en forma de glucógenos". Y explica la forma de engordar de la sociedad actual: "Engordamos por la grasa, pero no por la que ingerimos directamente sino porque comemos alimentos con una carga glucémica alta, que rápidamente hace aumentar los niveles de glucosa en sangre. Toda esta glucosa, que es el sustrato energético por excelencia del cuerpo, no se utiliza para producir energía en el momento. Entonces, el cuerpo libera insulina del páncreas y coge ese exceso de glucosa para llevarla al hígado y transformarla en grasa". Domínguez insiste en que hay que tomar grasas, que "no son malas per se, ni siquiera es lo que más engorda. Nuestro cerebro es grasa, y los ojos, los nervios, las membranas celulares, y son de mayor o menor calidad en función de nuestro estilo de vida pero sobre todo de la calidad de las grasas que ingerimos".

¿Comer antes de hacer deporte? No. Siempre que no hablemos de deportes de larga duración o a nivel profesional, un ayuno estratégico de 3,5 horas antes de practicar ejercicio contribuye a activar los mecanismos que favorecen la transformación de grasa en energía. "La actividad física forma parte de la alimentación -explica Domínguez-. Si entrenamos habiendo comido, utilizamos como primera fuente de energía lo que acabamos de ingerir, en segundo lugar las reservas de glucógeno a nivel muscular, que se consumen muy rápido, y en tercer lugar recurrimos a las grasas de reserva. En cambio, si entrenamos en ayunas se activan los mecanismos que nos permiten utilizar la grasa de reserva como sustrato energético. No es sólo un beneficio durante el ejercicio, sino que se traduce en un músculo de mucha más calidad, y eludimos la necesidad de comer cinco veces al día porque tenemos activos los mecanismos que movilizan nuestras reservas de grasa".

¿Cenar fruta? No. Por la noche el cuerpo necesita calor porque el interior se enfría, y la digestión ayuda a equilibrar la temperatura. Por eso, tomar alimentos fríos, especialmente si son crudos, no es bueno para una digestión apropiada. Domínguez desaconseja especialmente las ensaladas y la fruta, y señala: "Si cenamos fruta, se produce una fermentación alcohólica que produce azúcar y bloquea relativamente al hígado, porque le impide desintoxicar apropiadamente, que es su función principal durante el reposo nocturno". Como alternativa, indica que "una fuente de proteína por la noche es importante. No digo que haya que tomar un plato potente, pero sí una crema de verduras, que se puede tomar fría, o una tortilla francesa, o pescado azul, que se digiere bastante bien".

¿Comer fruta después de comer? No. Se trata de una de las creencias más largamente extendidas. De hecho, la fruta se considera un postre en cualquier establecimiento de hostelería. Sin embargo, Domínguez advierte: "El estómago permanece cerrado haciendo la digestión el tiempo que necesita el último alimento que ha entrado. Si comes carne y luego fruta, el estómago va a estar cerrado el tiempo que necesita la fruta, que es menos, y la proteína no se digiere suficientemente bien, y va a condicionar negativamente todo el proceso digestivo". El asesor nutricional recurre al ejemplo de las bodas, que ilustran claramente su afirmación: "Te dan un aperitivo que ya tiene las calorías para una semana entera, y luego tienes un primero y un segundo. Lo que hacen es que después del primero te dan un sorbete de limón, que se digiere muy rápido y hace que se vacíe el estómago, para que puedas tomar el segundo. Y la realidad es que luego la mayoría de los invitados se encuentran mal". En definitiva, recomienda: "La fruta se tiene que comer para desayunar y entre horas si tenemos hambre, o bien antes de comer".

¿Tomar azúcar? Sí. El organismo absorbe muy rápidamente el azúcar, que sirve para aumentar los niveles de glucosa circulante y transformarla en energía a nivel celular. Pero hay que tener en cuenta que esta energía se consume muy rápidamente y entonces vuelve la sensación de hambre. Dicho esto, Domínguez recuerda que como en todo, "hay que evitar el exceso, evidentemente. Y siempre es mejor tomar los dulces antes de las seis de la tarde, porque cada alimento tiene su tiempo mejor y peor para ser ingerido. El exceso lleva a la obesidad, y gran parte de los alimentos de la dieta moderna se comportan como azúcares, como los lácteos, pan, pasta y otros hidratos refinados... Toda la comida industrial lleva azúcar o fructosa para conservarse, para mejorar el sabor o para generar adicción".

¿Beber leche? No. Jesús Domínguez no recomienda el consumo de leche en ninguna etapa de la vida una vez concluida la lactancia materna. "Cuanta más leche toma una población, más índice de osteoporosis y otras enfermedades se produce. No es una opinión mía, son estudios científicos, cualquiera que no tenga detrás a una marca de leche", asegura. Las alternativas para consumir los nutrientes que aporta la leche están muy claros para el naturópata: "Si lo que buscas son minerales como el calcio, mi pregunta es de dónde sacan las vacas los minerales para ponerlos en la leche: comen vegetales. La fuente de minerales son el agua y los vegetales, que transforman los minerales del suelo y los hacen biodisponibles para los mamíferos. Para sustituir sus azúcares, recomiendo la fruta, y para la proteína y la grasa, recomiendo básicamente carne, huevos y pescado, sobre todo el azul, que tiene omega 3 que al ser humano le cuesta mucho producir". Sobre las bebidas alternativas a la leche que se han extendido en los últimos años, Domínguez deja a un lado la de soja, que "desequilibra mucho a nivel hormonal", y alude al efecto psicológico de otras como las de arroz, avena o almendras: "Que sean blancas, se puedan calentar y estén más o menos buenas se agradece, pero no tienen comparación como valor nutricional, son mejores alternativas".

Fuente: elmundo.es

 

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