La diabetes en los niños pone en riesgo su salud mental

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Elvia Salgado empezó a notar a su hija de año y medio, decaída, tomaba mucha leche y agua y pasaba bastante tiempo dormida.

“Yo pensé que era un virus o infección”, dice.

Pero una vez que después de comer pizza, vomitó y se desmayó, corrió con la menor rumbo a la sala de urgencias.

“Le hicieron estudios y descubrieron que tenía el azúcar a 800. Me dijeron que tenía diabetes tipo 1 y que no le funcionaba el páncreas”, explica.

Dafne Cerna, la hija de Elvia Salgado, tiene ahora 15 años. Desde el año y medio se administra insulina cada vez que come y viven contando los carbohidratos, proteínas y vegetales que debe consumir.

Una de las etapas más difíciles para esta menor con diabetes tipo 1 se dio al inicio de su adolescencia.

“Cuando estaba en sexto grado, como a los 12 años, entré en depresión, me sentía triste por tener diabetes. No me gustaba. Me preguntaba por qué a mí, por qué no puedo ser como los demás niños. Incluso escondía que tenía diabetes”, recuerda.

Dafne Cerna confiesa que comenzó a sentir mucha ansiedad y a sufrir ataques de pánico.

En la escuela también tenía problemas. “Una vez me le fui encima a una compañera porque me llamó -burlonamente- diabética”, platica.

También ha sido víctima de acoso (bullying) en las redes sociales por parte de algunos compañeros que expresan groserías hacia su padecimiento.

La diabetes tipo 1

A diferencia de la diabetes tipo 2 que puede ser provocada por factores como el sobrepeso, una vida sedentaria, fumar, y suele presentarse después de los 40 años, la diabetes tipo 1 tiene una mayor incidencia en niños y jóvenes. Con la diabetes tipo 1 prácticamente el páncreas no funciona y no produce insulina, por lo que de por vida, el paciente tiene que aplicarse inyecciones de insulina. En el caso de la diabetes tipo 2, el páncreas sí produce insulina pero no la suficiente.

La insulina es la hormona que permite que la glucosa de los alimentos pase a las células del organismo.

Para la diabetes tipo 1 no existe cura, no se puede prevenir ni se puede remitir. Con la diabetes tipo 2 no sólo se puede prevenir en muchos casos con hábitos alimenticios saludables y ejercicio, sino que con el tratamiento adecuado la persona puede tener una vida sana, a veces sin necesidad de medicamentos.

Sufrimiento por partida doble

A Teresa Medina se le vino el mundo encima cuando una de sus hijas gemelas tenía seis años y le dijeron “su niña tiene diabetes”.

“¿En qué fallé?, me pregunté muchas veces, sin parar de llorar”, recuerda esta madre, una inmigrante mexicana. “Usted no tiene la culpa, su páncreas no se le desarrolló. No produce la insulina”, me dijo una doctora. “Pero yo no encontraba consuelo. Era como si estuviera viviendo una pesadilla”, confía.

Dice que Daniela empezó tomando mucha agua, a adelgazar y ponerse muy pálida.

Lo peor para esta madre y su familia vino cuando dos años después, la otra gemela, Andrea, de 8 años, fue también diagnosticada con diabetes 1. En su familia de cuatro hijos y su esposo Manuel, las gemelas, que son las hijas menores, son las únicas que tienen diabetes.

Fue muy duro para esta madre enterarse que tenía que aprender a inyectar a su hija y que tenía que hacerlo cada vez que comieran y por las noches.

Pero a sus 16 años, al igual que Dafne Cerna, las gemelas Medina han aprendido a cuidarse solas y a suministrase la insulina en base al consumo de alimentos. Sin embargo, su salud mental no ha salido bien librada.

De lo que está segura es que no quiere que la diabetes le impida alcanzar sus sueños.

A las dos les angustia pensar si alguien querrá casarse algún día con ellas debido a su condición médica. Pero tanto a Andrea como a Daniela les ha inspirado conocer la historia de actrices y deportistas famosos que a pesar de tener diabetes 1 son exitosos. “¡Sí se puede!”, exclaman.

Alto riesgo para la salud mental

Cynthia E. Muñoz, psicóloga pediatra y profesora de la Universidad del Sur de California, dijo que estos menores tienen un alto riesgo de ver su salud mental afectada en comparación con el resto de los niños debido a que cada día tienen que revisarse los niveles de azúcar e inyectarse múltiples veces.

“En especial durante la adolescencia cuando tienen muchos cambios. Entonces, junto a la alta demanda que tienen de revisar su azúcar y la sangre, se crea la tormenta perfecta para que su salud mental se vea impactada”, explica.

“Muchos menores son enviados a la terapia por su doctor cuando tienen un control pobre de su diabetes porque están fastidiados, cansados y deprimidos de tener que ponerse la insulina día y noche. Al no cuidarse les afecta su estado de ánimo, la motivación, la energía y les provoca estrés”, expone.

Muñoz está a cargo de dar terapias a menores como las gemelas Medina o a Dafne Cerna, través del grupo Teen Power que trabaja con los niños que tratan su diabetes con insulina, pero también a sus familias.

“La terapia es para ellos y sus familias porque se trata de que todos adopten un estilo de vida saludable y coman la misma comida”, indicó. Agregó que los padres también necesitan mucha ayuda.

“La diabetes tipo 1 crea mucha confusión, vergüenza y culpa. Hay muchos malos entendidos. Con la terapia los enseñamos a lidiar con todo eso”, subraya.

 

Fuente: Asociación Americana de Diabetes

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