
Imagine que se come una torta de chocolate y que su nivel de azúcar en la sangre aumenta. Imagine también que, en la misión de canalizar adecuadamente ese pico dulce, un departamento de su cuerpo está haciendo su mejor esfuerzo para procesarla y otro departamento ni se inmuta. El páncreas segrega insulina (la hormona que ayuda a organizar los niveles de glicemia: el “azúcar” presente en la sangre) para que esa glucosa pueda penetrar en las células, nutrirlas y energizarlas. Sin embargo, si el organismo se resiste a los efectos reguladores de la hormona por fallas en esos receptores “porteros” presentes en las células, el páncreas tenderá a producir más insulina para tratar de equilibrar la situación, así sea por la fuerza.